El Sentido Orante nos reclama nuestra identidad unitaria

 

Y cada comienzo, según cada cultura, costumbre o civilización, supone propuestas, promesas, estrategias, expectativas… en base a lo que ha transcurrido, a cómo han sucedido los aconteceres, en base a la calidad de vida que se ha seguido, en base al compromiso de cada uno, etcétera. Pero sí hay propuestas e intenciones de amplificar, cambiar, incorporar. Sin por ello perder un sentido, una trayectoria.

El Sentido Orante nos muestra una evidencia que es la característica con la que la humanidad se encuentra en este tiempo. Una característica cargada de miedo, inseguridad, indecisión, inquietud, desespero, angustia, ansiedad: en esa frecuencia, en esa onda de neurosis –o quizás algo más- con tintes depresivos. Por poner un diagnóstico.

En esa situación, en ese magma estamos todos. Si bien, ciertamente, unos lo evidencian más… –por sus características, por su situación- más que otros. Y todos se preguntan, al aparecer un nuevo ciclo, un nuevo comienzo, cómo remediar esa situación.

Si el diagnóstico es correcto, ese estado de neurosis precisa ansiolíticos, sedantes, miorrelajantes… Y si se asoman a lo depresivo, precisarían antidepresivos, en una gama más o menos amplia. Y además del tratamiento farmacológico, se precisaría un tratamiento de sicoterapia de grupo, o individual, o terapia analítica, psicoanalítica, para aventurarse a ver qué elementos, qué comportamientos, qué vivencias nos han llevado a vivir de esa forma, a estar en estas circunstancias. Sin entrar en si son mejores o peores, pero que sí han creado, y está, un estado de humanidad, preocupante.

La Llamada Orante nos conmina a participar en los suficientes cambios como para que el paciente –la humanidad- mejore. Es un llamamiento a todos, estemos más o menos afectados.

Evidentemente, cada uno puede buscar su solución. Pero... sería insuficiente. Sí; porque terminaría aislado. Y la humanidad es una entidad social inevitable. Porque la vida –el vivir- no es ‘fracturable’, y cuando lo hace es deplorable. 

Así que es una tarea de todos. Al decir “todos” significa que cada ser asume sus recursos para su mejora, pero no –de ninguna manera- se excluye de dar, de participar en el entramado que da origen a la situación, para interceder y mejorar.

En muchas ocasiones, el Sentido Orante nos recuerda la simultaneidad de las acciones particulares, privadas y del entorno: no se pueden separar. No somos [1]“Juanes Palomos” que nos guisamos y nos comemos lo nuestro, sino que compartimos, colaboramos, consensuamos.

La comunidad humana llamada “civilizada”, es indudable que controla, maneja y dispone de un estilo de vivir, que lo hace cada vez más ‘extendible’ a todas las comunidades humanas de este lugar del Universo. Los imperios, en el transcurrir de los tiempos, fueron ampliando cada vez más sus fronteras, y hoy los imperios están “sin límites”. Ya no se reducen a un espacio. Ya abarcan los espacios, y se los disputan los más poderosos o... se ponen de acuerdo.

Estamos en tiempos de recursos comunicativos: redes de capacidades ¡increíbles! Esto pudiera parecer que es una trama con capacidad para mejorar y amplificar nuestras comunicaciones. Y ciertamente, si estamos afinados, pulcros y sinceros, es muy probable que esas redes sean de utilidad. Pero no hace falta demostrar que en la era de las capacidades comunicativas, la incomunicación, o la comunicación falsa, se hace cada vez más preponderante.

Los niveles participativos se hacen cada vez más dificultosos, y los niveles de justificación se hacen cada vez más amplios.

La espontánea participación de ayuda, de colaboración, de decisión espontánea… es cada vez más dificultosa. El ser, dada su sintomatología y diagnóstico, se encierra, y da un aspecto equivocado de su verdadera situación. Y en su neurótica obsesión depresiva, desconecta, y conecta a otra división de apariencias. La referencia se hace en él mismo. 

Bajo el Sentido Orante, es perentorio que el ser se referencie en el Misterio. En el Misterio, Misterio Creador, que se hace imprescindible. No ahora. Es… y somos, herencia permanente y viva de Ello, de lo Eterno. Pero ahora que el ser se aparta, se aleja… más, más importante es mantener, mantenerse en las evidencias creadoras que posibilitan el milagro diario de la vida. ¡Y esto no es una frase, es una evidencia! En ningún caso nadie podría afirmar y decir que sigue y está vivo por sus propios recursos. Nada nos es propiedad, pero sí tenemos el deber de cuidarlo: de cuidar lo que está bajo nuestras capacidades, nuestros deberes.

Y sin perder esa referencia, a nivel de operario, a nivel de participante, a nivel de elemento solidario que aspira a mejorar su condición, que tiene expectativas renovadas, novedosas… es imprescindible, dentro de cualquiera de las propuestas, incluir claramente la sinceridad¡Claramente!

La costumbre de la mentira piadosa, de la justificación constante, de lo que yo he hecho y tú no has hecho, de lo que supone el enfrentamiento permanente de versiones totalmente contradictorias… ese es uno de los “ítems” que no se hace operativo, para cualquier planificación, si no se resuelve.

El derecho a la mentira se ha convertido en un elemento de maniobra, en un elemento de… impresentable osadía.

Y lo más preocupante, en esa insincera actitud –nos advierte el Sentido Orante- es que, increíblemente, como decía el dicho: “Se coge antes a un mentiroso que a un cojo”. Sí. Increíblemente, uno cuenta una mentira a otro, y otro a otro, y otro a otro, con la confianza y la credibilidad de que nadie se entera. ¡Increíble! Y al que se entera, no le queda más remedio que poner cara de póker y hacerse el idiota o el tonto… para no saltar y poner en evidencia.

Y ese es un detalle que conviene tener en cuenta antes de camuflar la sinceridad. Tener en cuenta que, quizás –como decía Mafalda-: “cuando pregunta cuántos son dos más dos, me da la sensación de que la profesora sí lo sabe”. Entonces, antes de camuflar la sinceridad y convertirla en mentira piadosa, semi-piadosa, etc., piénsese que quizás el que lo escucha se va a dar cuenta.

En la medida en que no hay engaño, es posible darse cuenta de la dimensión que tiene esa neurosis depresiva. En la medida en que lo ocultamos, lo camuflamos, lo “aparentamos” según el propio interés, la dimensión de la situación se desvanece… ¡y perdemos la perspectiva! Y consecuentemente amplificamos más aún el problema.

Mientras la intención sincera se hace consciencia, la comunicación cambia. Sí, ya la ocultación, la versión A, B, C, D… no nos es útil.

Como comunidad con características dedicadas al desarrollo personal, con intenciones claramente sanadoras, tenemos –como Escuela- que aprender, enseñar… y hacerlo bajo la óptica sincera, compartida, comunicativa.

Y como característica de esa propuesta, el ánimo, el humor y la colaboración se hacen imprescindibles.

Las comunidades que se aportan y aportan a la globalidad de la especie, deben hacerse pulcras, claras, respetuosas entre sí… y con proyecciones de novedades, de revisiones. Y todo ello bajo la referencia del Misterio Creador. Todo ello bajo ese dicho que se decía: “Ora et labora”. Sí. La prioridad referencial orante es el recurso que nos ¡impele!... a ser claros. A no ser ¡revanchistas! A no apuntar los desagrados, sino tener en cuenta los agrados. Y si los agrados se hacen sagrados, ¡mejor!

El ser de humanidad, por su intrínseca implicación –por el vivir- de estar en sintonía y en comunión con todo lo que le rodea, se establece en comunidades. Y como dice la propia palabra: “común-unión”. Una unión que pone en común un proyecto, un proceso, un servicio… del que se sirve, y sirve “a”.

El sentimiento individualista, en el sentido restrictivo, perjudica enormemente al sentir común.

Y se pone de manifiesto, una vez más, esa incapacidad del ser de aunar su identidad, con su comunión inevitable e imprescindible para su vivir. Para su vivir. 

Y que entre en conflicto lo individual con lo comunitario es… deterioro. ¡No puede entrar en conflicto! Si entra en conflicto es porque no hay comunicación, porque no hay claridad, porque no hay compromiso. Porque hay imposición, porque hay obligación…

No debe haber oposición entre lo individual y lo colectivo. Lo colectivo se hace en base al aporte individual, con su faceta social. Y así, unos se nutren de otros. ¡Es muy simple entenderlo!, pero resulta enormemente difícil ¡sentirlo! ¡Y en esa posición se encuentra la especie!, y así se autoagrede, se vuelve violenta, se inventa versiones, se acusan, se disputan…

El Sentido Orante nos reclama nuestra identidad; nuestra identidad unitaria, que en apariencia tiene dos factores pero que es uno solo, pero que se ha fracturado en base a la mentira, y así poder utilizar unos, a otros. Y eso es lo que nos lleva a ese estado de enfermedad. 

Tenemos que volver sobre nuestros pasos, identificar los orígenes y corregir las fracturas. Sólo así podremos ver un horizonte con expectativas y con perspectivas luminosas. 

Con la esperanza puesta, permanente, con la confianza expuesta constantemente, y con la actitud disponible permanentemente, estaremos en condiciones de… no solamente mejorar, sino entrar en la resolución; entrar en el sentido unitario del ser.

Y así, abandonar lo caduco, viejo y corrupto, y entrar en lo nuevo, renovado, amanecido y luminoso.

¡Ten Piedad!

 ***

[1] “Juan Palomo: yo me lo guiso y yo me lo como”. Refrán que hace referencia a aquella situación en la que una persona trabaja sin ayuda por conseguir algo, y luego lo disfruta también en solitario sin compartirlo con los demás.

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