Plegaria

 

Hay un sonar de… dolor, sufrimiento, carestía, hambre… 

Hay un sonar de… padecer, en la especie: guerras, migraciones, amenazas de los poderosos, miedos nuevos, y antiguos que florecen.

Pareciera como si el Universo ya se hubiera ido… y nos hubiéramos quedado en un lugar, ¡quietos!, a la espera de nuestro propio holocausto.

Porque pasan los años, pasan las generaciones, y afloran los repetidos… actos obsesivos, indecisiones, oscuridades, desesperos…

Nos parece –“nos parece”- a primera vista, que sería muy exagerado… contar que la humanidad está en todos estos procesos. Pero… cuando nos acercamos a cualquier paraje… y contemplamos las preocupaciones, las obsesiones, los rencores, los prejuicios… 

Y estamos hablando de lugares que están en paz –¿en paz?-, que tienen recursos, que no migran, que tienen trabajo… 

Pero al acercarnos a los seres que cogen su autobús o su tranvía, que van en el metro o que cogen su vehículo, a los que cuidan y cortan el césped, a los que conservan la ilusión de poder tener una pensión digna cuando se jubilen…, si esto ocurre en el mejor de los casos, y ésas son las preocupaciones, sí parece que el Universo se ha ido. ¡Se cansó de esperarnos!... y nos ha dejado ahí, suspendidos, ¡anclados!¡Por la falta de arrojo, por la falta de pasión, por la falta de decisión, por la falta de ‘arriesgo’!... Por el miedo al fracaso, por el instinto de poder –que, al no alcanzarse, hace que el ser se sienta fracasado-.

¿Nos habrá realmente dejado aquí, el Universo, y se habrá marchado?

Hay sonidos, hay rumores. Y entre esos sonidos y rumores que acabamos de escuchar, también hay una radiación, ¡una vibración!, de base… –una radiación de base, una vibración de base- en forma de Plegaria.

Vibración… Radiación… Plegaria.

Es… es el acto de plegarse a la situación que nos conmociona, a las situaciones que nos preocupan.

Pero plegarse en el sentido de… crear nuevas situaciones que, asumiendo previamente las que hay, sean capaces de generar novedades .

No hay lugar para la queja, porque habría que quejarse de uno mismo. 

¡Ya!… ya no hay a quién culpar… porque, si así se hiciera, cada cual sería culpable.

Plegarias que, además de plegarse, además de aceptar, además de buscar una nueva perspectiva, una consciencia diferente, además expresan ¡pena!

Sí; quizás sea una pena por la “sapiencia” de que, de lo que duele, en gran parte somos responsables nosotros, como humanidad; son los que producen ese disturbio. Y nos da… pena.

¡Porque quizás no pueda atribuírmelo a mí!, pero de seguro que puedo identificar a otros que, humanos como uno mismo, han desarrollado esa faceta de logros, conquistas, ganancias, opresiones, castigos, persecuciones…

Y ¡pena! Pena porque, disponiendo de los recursos para el gozo, el compartir, la alegría, la escucha, la complacencia… eso se haya dejado hacia sectores de… casi locura. “Casi locura”.

Plegarias que, además, tienen un tinte de… incredulidad; un tinte de escasa fe. Pero, como humanidad, se ve abocada a esa instancia.

Hay también, en esa plegaria, un cierto desencanto.

Hay, además, un rubor de palidez –no un rubor de vitalidad-… ¡decadente!

Y también reina, como una luz intermitente, el sentirse incapaz, el declararse inútil, el renunciar a sus…

Plegaria.

Y pasó, y quizás aún pase… el fulgor Creador; que deja, en su transcurrir, un beso lleno de versos, para que podamos seguir…

Es probable que ¡aún!, por ¡Misericordia!, se aguarde un segundo más.

¡Ay!... Tiemblan, tiemblan las vidas… que no se sienten acogidas, pero que tampoco acogen.

¡Ay! Y tiemblan los amores que, por momentos, despiertan –por momentos-… pero que pronto se ocultan.

Escondidos en lamentos, se escuchan… Cuesta recordar por qué, pero están ahí, como un compás que marca el ritmo.

Quizás, acompañando… esta plegaria, alguna lágrima trate de asomarse.

Siente vergüenza.

Los cuerpos… ¡pesan un poco más! La plegaria, por momentos, se hace… espesa.

Y un… un tono lánguido, pero con ¡suspiro!, culmina la plegaria.

“Un tono lánguido, pero con suspiro, culmina la Plegaria”.

***

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